GOLDEN MOVIE STARS
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JOHN WAYNE en "El Hombre Tranquilo"
JOHN WAYNE
en "El Hombre Tranquilo"


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Material  Resina
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DUKE
La leyenda de un gigante

Juan Tejero
La divina comedia del Hollywood clásico, que sostienen ingenios universales como Ernst Lubitsch, Mitchel Leisen, Billy Wilder y más cultivadores constantes, tuvo también francotiradoes ocasionales de lujo, como John Ford, que adornó su colección de westerns, melodramas y películas de aventuras con dos o tres buenas comedias y una, El hombre tranquilo, del ramillete de las geniales. Hoy puede sorprender el dato, pero durante bastantes años, esta película fue considerada como una "obra menor" en la grandiosa filmografía fordiana, y solo cuando Pappy dio por finalizado el último capítulo de su vida, y su nombre había pasado a convertirse en leyenda, las nuevas generaciones descubrieron que bajo la aparente sencillez de esta hermosa comedia se escondía una joya de incalculable valor.
Recordar que todas las interpretaciones son de primerísima categoría, que la fotografía de Winton C. Hoch es asombrosa y que la fastuosa banda sonora de Victor Young se nos queda rondando en la cabeza mucho después del final de la película, es solo subrayar la alta calidad artística del producto. En honor a la verdad hay que reconocer que el tipo que se presentó a si mismo en público con un seco y clarificador: "Me llamo John Ford y hago películas del Oeste", para defender a Joseph L. Mankiewicz de las acusaciones que le hacía la tristemente célebre "caza de brujas", mentía ligeramente sobre sus señas de identidad. En realidad se llamaba Sean Aloysius O'Feeney, y hacía algo más que westerns, hacía las películas más emocionantes, poéticas, vibrantes, divertidas, vitalistas y épicas de la historia del cine. El hombre tranquilo es la prueba.